Cuando me siento nostálgico,
sin remedio, me pego a la ventana del alma de quien este más cercano a mí para tratar de escuchar en un latido todos sus recuerdos. Quiero que me cuente "esto me
decía mi madre" y "mi abuela me miraba así". Y si se escapa una
caricia, una sonrisa, un brillo, este nostálgico lo agradece.
Cuando me siento
nostálgico, sin rumbo, navego todas esas calles que solía visitar de niño, a
veces invento que conozco mejor los lugares de lo que ellos me conocen a mí.
Tantas veces me han visto pasar los mismos callejones, las mismas gárgolas. Me
detengo en la esquina de la calle Hidalgo y veo a mis amigos correr de un lado
a otro. No teníamos donde ir, pero todos nosotros con sueños de juventud,
pensábamos que algún día tendríamos a donde ir. Hoy nos abrazamos a quienes
podemos, porque todos se están llendo. Yo voy con una bandera que no dice
libertad si no "no me importa", aunque como todo gran nostálgico, me
importa todo, y a obscuras en mi hogar, en mi cama, pienso en todo lo que es y
todo lo que pudo haber sido, y me entran unas ganas enormes de llorar.
Cuando me siento
nostálgico, sin ayuda, manejo de noche por
la avenida Constitución y saco la mano al viento y dejo que el viento maneje mi
dirección. El viento me dice a donde ir, pero mis pies están peleados ya con la
naturaleza. Están cansados. Aún así el viento de vez en cuando me habla y me
dice "qué paso con...?" y a veces me regaña y me dice "te
hubieras quedado niño, no hubieras crecido" y yo le respondo "te
hubieras quedado puro, me es difícil respirarte". Algunos días reímos
porque ninguno de los dos tiene la culpa de lo que el tiempo nos ha hecho.
Cuando me siento
nostálgico, busco todas las fotografías, todas las canciones. Saco una
fotografía de mis padres y la pongo en un pedestal. Sacó la fotografía del
perro que tuve en mi primera casa, acomodo por años las fotos: las de color,
las de los abuelos, las de los viejos amigos. Entonces viene mi perro y me pregunta
“Qué habrá sido de todos ellos?” y me dan unas ganas terribles de averiguarlo,
de buscarlos, pero me gana el temor de que no contesten, de que me lancen un
"quién eres?" o en el peor de los casos que hayan muerto. Pongo las
introducciones de las caricaturas que veía de niño y las canciones que adoraba:
"Heart of a Glass", "How deep is your love", "Pictures
of you", "Blue Angel", "Volcán", "Amantes a la
Antigua", "Oh Darling" (por favor créeme que nunca te haría daño),
"The Exploding Boy", "El Rito", "As the world falls
down" entre muchas otras melodías. Llenan mi alma de felicidad y de
pesadumbre.
Cuando me siento nostálgico,
sin salida, pierdo mucho el tiempo, porque así somos los nostálgicos. Nos
aferramos al pasado tal cuál el niño al globo. Y como el niño con el globo, cuando ve
algo más interesante deja ir el globo al cielo. Se nos olvida el paso del tiempo, y ya no puedes leer
sin sentir que todo es una mentira justificada, ni dormir sabiendo que afuera
el mundo sigue girando. No puedes ir por la vida fingiendo que no piensas en el
pasado, ni convenciéndote de que sabes muy bien como ser adulto, porque eso es
algo que nadie te enseña.
Un secreto de todo esto es que detrás de toda esa
curiosidad nostálgica y sin remedio, estoy reteniendo desde principios de mi
vida algo: las acciones, las miradas y las palabras. Yo
bien podría tomar mis sueños y arrojarlos por el precipicio, pero soy un
nostálgico. Yo soy de los que escriben cartas sólo para decir "te
acuerdas de...?" Aunque nadie se acuerde.
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