martes, 29 de mayo de 2018

I wonder why it is that men can't love the present. Either they just keep chasing whatever it is they've lost... or they keep dreaming beyond their reach.

Things in life

Tengo una particular obsesión con las películas que tienen que ver con detectives solitarios atormentados. Hace poco tiempo por fin se me hizo ver Chungking Express (de uno de mis directores favoritos Wong Kar Wai) completa y me dejó un vacío en el alma. Se volvió al instante de mis películas favoritas. Me volvió loco la escena de la jukebox en la cuál suena esa canción Reggae y se cruza con imágenes de la mujer misteriosa caminando por las calles de China. La verdad es que me encanta el cine Asiático porque saben hacer historias simples en cosas de 2 horas y mantenerte pegado a la pantalla.
El año pasado me tocó ver Umi yori mo mada fukaku del director Hirokazu Kore-eda (acá le titularon Después de la tormenta) y me dejó bastante emocionado, pues esa clase de películas me recuerdan que el cine puede ser real, y que no todo tiene que ser un acto hollywoodense para vender a las masas. En eso aplaudo al cine Europeo y al cine del Medio Oriente, saben hacer historias a las que llamo "de media noche",podrían ser historias que alguien te cuenta por la madrugada, y alas cuales tu escuchas con atención. Esas historias que tienen la calma y el dinamismo suficiente para dejarte pensando. Será que se siente muy natural, o serán esas luces sacadas del filme, pero encuentro mucha paz en lo cotidiano, a veces es bueno escuchar historias que tengan que ver un poco más con nosotros, y con nuestra vida.

 Chungking Express






 Umi yori mo mada fukaku
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Dennis Brown - Things In Life


jueves, 31 de agosto de 2017

HIS

Cuando fui a Japón el año pasado me la pasaba preguntando a todos si conocían a Haruomi Hosono. Mi cercanía con la música Japonesa tiene un transfondo muy grande. La música que he descubierto esta acompañada de las épocas y los recuerdos. Un halo de nostalgia esta ahí presente para mi siempre cuando se trata de música.

La cuestión es que me la pasaba preguntándo a todos con quienes tenía un poco de oportunidad de platicar, porque quería saber que tan famoso es Haruomi Hosono en su país natal. Guardo un recuerdo muy grato en mi corazón, algo que sin querer documenté con mi celular:

Aquella mañana caminamos bajo la lluvia japonesa, del hotel Prince de Shinagawa a la estación. Gary(mi primo) y yo bajamos primero y recuerdo que salimos a ver la lluvia. Caminamos después los 7 a la estación y tomamos un tren bala hasta Kyoto. Una de las mejores experiencias que guardo en mi memoria. Después escribiré un poco al respecto. La situación es que me la pase preguntando a las personas sobre si Hosono era famoso. Algunas personas me dijeron "yes, very famous" otros jóvenes no sabían ni quien era "I don't know...do you know ONEOKROCKU?"

En Kyoto caminamos en lo que fue probablemente el día más soleado en mi estadía en Japón. Todo era tan tradicional. Íbamos rápido, nos aferrabamos a las calles y templos. Me quería abrazar a cualquier lugar y quedarme por ahí varado. Perderme no hubiera sido del todo un error. Después de ir al templo de las mil estátuas, Sanjusangen-do, fuimos a un templo más arriba llamado Kiyomizu, grande grande. Anduvimos en los al rededores. Con apuro llegamos a una casa tradicional a comer Ramen, pues quería probar realmente esa comida casera y en un hogar japones. El lugar era bellísimo, parecía un set de TV o de grabación de película. Algo completamente ajeno a nosotros. Así que ya una vez comiendo (estaba muy buena la comida) le hice la pregunta característica de mi viaje a la señora tan amable que cocinaba.
"Are you interested in Japanese Music?" me dijo.
"Hosono very very famous", "Happy Endo? Very old songs!"...

Después de unas vueltas regresó con un disco y me lo mostró. HIS, me explicó, viene de Hosono, Imawano y Sakamoto. Jamás había escuchado de ese proyecto, me sorprendió bastante. Quizás para los demás esto no signifique nada, pero yo llevaré este recuerdo para siempre.




sábado, 19 de agosto de 2017

Entierrame.



Yo tenía la mirada en el horizonte. La mantuve firme durante un tiempo, pues cuando estudiaba en la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica un amigo mío siempre mantenía su mirada hacía al horizonte y decía cosas como “¿ya viste a ese gato?”, cuando nadie había visto ninguno, pero era porque el gato estaba más lejos de lo que nuestros ojos acostumbraban a ver,  escondido en el horizonte, en un árbol lejano. Oscar pudo haber sido todo un visionario. A él le iba bien en la escuela, a mí no tanto, pero siempre me explicaba todo lo referente a las clases y entonces yo podía aprender más.
“Va a llover al rato, mira esa nube” decía, y nadie lo creía porque el sol golpeaba fuerte nuestros rostros, pero sin embargo el seguía viendo al horizonte, más allá de nuestro ego, un poco más lejos de nuestras preocupaciones. Naturalmente, llovía unas horas después de que Oscar lo dijera.
Aprendí con el tiempo a seguirle el paso y ver al horizonte, pero yo nunca lograba ver mucho, aunque, me encantaba observar el paisaje y los árboles, esos que se amontonan a lo lejos y se enfrentan al sol, esos que por estar más altos le hablan de cerquita a la luna. A veces con los cables de luz de los postes de las calles, me gustaba encerrar en perfil esos paisajes, como si los cables hicieran un marco para esta vista que, a mis ojos, no era perfecta, pero en una ciudad como Monterrey, te trae un poco de calma.
Aquel día fue un día distinto. Lo decidí desde que desperté por la mañana. A pesar del trabajo y todo lo referente a la rutina, decidí salir a caminar un poco. Anduve por la colonia La Purísima y me detuve un rato a contemplar la fuente. Recuerdo haber enviado un mensaje de texto a alguien “¿adivina en dónde estoy?” y le envíe una fotografía de la fuente del centro de la plaza principal. “Estás en Guadalajara?” me respondió y yo me eche a reír, pues pienso que de una ciudad como la de Monterrey a una como la de Guadalajara hay un camino muy largo de diferencia. A mí me ha gustado más la segunda que en dónde vivo, más no sé si viviendo en Guadalajara diría lo mismo. Uno no siempre sabe valorar lo que tiene.
Aquella vez hacía mucho calor. Me detuve a comprar una malteada de nieve y un hotdog, aunque no tenía hambre, sólo antojo. Recuerdo bien todo eso. Yo estaba pensando en el pasado como es habitual, y como es habitual cuando uno se mezcla tanto con el pasado, entran a veces unas ganas muy sutiles de echarse a llorar. Yo nunca lo hago, nunca le lloro al recuerdo, pero si lo tengo en un pedestal. Me pregunto si habrá personas que se sientan de la misma manera, o si habrá personas que completen el ritual nostálgico y terminen llorando. ¿Quién sabe?
Era alrededor de las 10:00 pm y yo andaba por Matamoros. Me detuve en Lumen y seguí caminando, bajé hasta el merito centro y ahí me detuve un rato más. Cuando me cansé y tuve suficiente de mi cansancio (más no de mi soledad) decidí tomar un Uber para ir a casa. Yo no sé ubicarme muy bien en la rosa de los vientos, así que me limitaré a decir que pienso que vivo al sur de la ciudad. Siempre he creído eso toda mi vida y lo seguiré creyendo. Quizás siempre tuve una preferencia por la palabra “sur”, la verdad no lo sé, pero creo que es válido decirlo aun así no sea verdad. Tome un carro desde el centro en donde está la gran “M” hacia el sur de la ciudad.
Hacía calor y sudaba un poco, solamente quería subir a la comodidad de un auto con aire acondicionado. Aquella vez viaje con el conductor “Leonardo” y su auto era un Chevrolet, pero no recuerdo el modelo. Me subí en la parte trasera detrás del conductor pues nunca he preferido ser el copiloto. Leonardo intento inútilmente darme platica, pues yo no tenía muchas ganas de hablar. Me dijo que él estudio Ingeniería Química, pero que estaba ahorrando para un negocio. Pensar en la facultad me hizo recordar a mis excompañeros, pues no he vuelto a ver a muchos de ellos. No sé si se habrán casado, o tendrán hijos, o si son felices, si estudiaron otra carrera. No lo sé.  Me entraron ganas de ver al horizonte.
“Te gusta esta música o la cambiamos?” me dijo Leonardo, y yo sentía mucho calor, pues el conductor llego con los vidrios abajo y me dio pena decirle que encendiera el clima.  Le dije que la música estaba bien, pero realmente para mí no lo estaba. Seguí viendo el horizonte. Pasamos la corona grande del restaurante que esta por la macro plaza, y el museo de arte contemporáneo, ese que el Arquitecto Legorreta hizo hace mucho tiempo, y cuyos espacios en el interior me hicieron asustarme cuando fui por primera vez en una visita escolar de niño. (¿Conocen el cuarto Obscuro de MARCO?).
Seguí viendo el horizonte, el pecho me ardía y me di cuenta de que el calor que sentía era por mi corazón y no por el clima…
“Voy a vender equipo de laboratorio” … mechero, esposa, hija, “me agüité”, Rihanna, radio…
De su plática intermitente no entendí mucho. No le preste atención.
Leonardo, espero puedas disculparme, pero en aquella ocasión estaba viendo al horizonte y me ardía el pecho.
Estaba sudando y tenía calor. Tenía yo que seguir viendo al horizonte, pues entonces apareció.
A la altura de fundidora, cuando tú vas por Morones Prieto, justo sobre la nave industrial que ahora es un museo, ese que está en el interior del parque, vi salir una luz como un relámpago dorado. Me asusté bastante de entrada, pues creí que se había quemado algo en lo alto del horno, pero después todas las luces nocturnas de colores que adornan al horno siguieron como si nada. Por unos minutos, después del relámpago, la luz desapareció, pero yo mantuve mi mirada al horizonte. Le dije a Leonardo que si había visto la luz y me dijo que si había alcanzado a verla. Unos minutos después, y sobre el río de santa Catarina, vi la luz de nuevo y era tenue, pero de un brillo dorado excepcional, era como un aura, o como una energía, era como un truco de magia, o de ciencia ficción, y yo me quedé atónito, pues mi pecho comenzó a arder en remolinos internos, y mis recursos internos no me dieron para más que observar.
“Es un ovni!” dije y Leonardo se estremeció, “esos no existen!” me dijo.
Pero yo lo vi, y estoy seguro de que esa luz me vio, pues estaba herida y quizás necesitaba a alguien que creyera en ella y en el horizonte. Y yo creí tanto en esa luz que comencé a dudar si todo lo que pasaba era real.  Esa pequeña luz se tambaleaba en el viento, pero no volaba, flotaba diría yo, como estática, pero a una velocidad que era rápida para ir a 80 km/hora en Morones Prieto. Le pedí al conductor que se acercara al carril exprés, y Leonardo lo hizo. Y entonces baje más el vidrio y saque medio cuerpo y le hice una señal a la luz, le apunte hacía mi hogar. Pienso que el conductor se molestó un poco, pero yo creo que, si vio la luz, pues iba asustado, iba nervioso, y además le bajo a la horrible música que sonaba en radio.
Pasamos el metro que da hacia la estación “Y Griega” y yo seguía haciendo una señal con mi mano izquierda, indicándole la dirección de mi hogar. La luz de alguna manera asintió y me siguió. Así que trate de calmarme pues no quería crear una situación incómoda, y confiando en que la luz me seguiría, me volví a acomodar dentro del auto, y le saqué platica al conductor. “Debió ser un globo. A veces los prenden en parque fundidora o chavitos que juegan en el río santa Catarina, por eso luego se queman los árboles” y yo le dije que si a todo.
Subió la música de nuevo un poco, y a punto de subir en la avenida Azteca, volví a bajar el vidrio polarizado y vi que la luz efectivamente seguía el auto, pero esta vez era una luz menos dorada, más pequeñita. Sentí que me quería desmayar. A como pude saque mi mano derecha y como haciendo señales de tránsito, creí pedirle a la luz que aguantara un poco más y me siguiera. Derecho unos 5 km, dos a la derecha, a la izquierda y a la derecha. Entro el auto a la cuadra de mi casa y vi caer como una estrella fugaz esa luz sobre las casas de mis vecinos, y entonces me entraron unas ganas enormes de vomitar. Estoy seguro de que Leonardo también lo vio pues estaba sudando y seguía nervioso mientras detenía el carro para que me bajara. “Buenas noches y con cuidado señor” me dijo un poco pálido. Me bajé del auto y todo estaba apagado en mi casa, pero desde la ventana vi el pasillo iluminarse un poco. Yo no aguantaba mucho el temor que sentí, y de alguna forma sentí muy caliente mi hogar, de alguna forma, todo era cálido. Abrí la puerta y entré despacio. Los perros no hicieron ruido, no corrieron a recibirme como es usual en ellos. Que calor sentía, mi pecho era el que iba a reventar, sentía que se me iba a salir el corazón por la boca. Dejando todo en el pasillo camino a mi habitación, pude verlo. Sobre el piso de mi cuarto, estaba tirado un reptil grande, como de 3 metros de largo. Estaba sangrando, la cola dorada, naranja y amarilla tendida, estirada sobre mi cama. Estaba herido, las escamas estaban secas. Juro que lo que vi fue inexplicable, pero era más inexplicable lo que sentí. Había sangre por todo el cuarto. Los perros siquiera entraron a la habitación, se quedaron afuera, como si conocieran al dorado reptil que había entrado por mi ventana.
Entendí que era mi deber ayudarlo, así que agarré una toalla y lo comencé a limpiar. Limpie la sangre que podía de sus expresivos ojos rasgados. Echaba agua en las heridas, pero no dejaban de sangrar. Nunca había sentido tanto temor. Era el temor a lo desconocido, pero una fuerza me hizo saber que era necesario que me esforzara por superar todo ese sentimiento y cuidar de ese dragón. El animal comenzó a retorcerse y yo me eche a llorar, pues su sufrimiento de pronto era el mío, y su tristeza era la mía. Esta criatura me dijo “Entiérrame, y cuando lo hagas, volverás a la vida”. De pronto todo se tornó obscuro y cuando desperté, estaba en medio del cuarto y me sentía muy cansado. Toda luz dorada, las manchas de sangre, la bestia, todo había desaparecido. Sé muy bien lo que vi, y sé que existe algo que no he enterrado del todo. Desde entonces me la he pasado cansado, siempre queriendo dormir. Me cuesta mucho trabajo confesarlo. Desde entonces, me ha costado mucho volver a ver al horizonte.

domingo, 30 de julio de 2017

Con el tiempo todos se instalaron en mi interior.



En Minneapolis la gente es obscura. Me paré en la novena en Hennepin y me escondí de la lluvia, me escondí de mi pasado. No es que me diera vergüenza, si no que a veces me gusta pretender que soy alguien más, que sólo existo en el aquí y ahora. Las runas azules, el sonido que no existe en mi interior. A veces me quedo atrapado pensando en el sonido que ya no existe en mi interior. Es triste.
 

jueves, 29 de junio de 2017

Cuando me siento nostálgico, sin remedio

Cuando me siento nostálgico, sin remedio, me pego a la ventana del alma de quien este más cercano a mí para tratar de escuchar en un latido todos sus recuerdos.  Quiero que me cuente "esto me decía mi madre" y "mi abuela me miraba así". Y si se escapa una caricia, una sonrisa, un brillo, este nostálgico lo agradece.

Cuando me siento nostálgico, sin rumbo, navego todas esas calles que solía visitar de niño, a veces invento que conozco mejor los lugares de lo que ellos me conocen a mí. Tantas veces me han visto pasar los mismos callejones, las mismas gárgolas. Me detengo en la esquina de la calle Hidalgo y veo a mis amigos correr de un lado a otro. No teníamos  donde ir, pero todos nosotros con sueños de juventud, pensábamos que algún día tendríamos a donde ir. Hoy nos abrazamos a quienes podemos, porque todos se están llendo. Yo voy con una bandera que no dice libertad si no "no me importa", aunque como todo gran nostálgico, me importa todo, y a obscuras en mi hogar, en mi cama, pienso en todo lo que es y todo lo que pudo haber sido, y me entran unas ganas enormes de llorar.

Cuando me siento nostálgico, sin ayuda,  manejo de noche por la avenida Constitución y saco la mano al viento y dejo que el viento maneje mi dirección. El viento me dice a donde ir, pero mis pies están peleados ya con la naturaleza. Están cansados. Aún así el viento de vez en cuando me habla y me dice "qué paso con...?" y a veces me regaña y me dice "te hubieras quedado niño, no hubieras crecido" y yo le respondo "te hubieras quedado puro, me es difícil respirarte". Algunos días reímos porque ninguno de los dos tiene la culpa de lo que el tiempo nos ha hecho.

Cuando me siento nostálgico, busco todas las fotografías, todas las canciones. Saco una fotografía de mis padres y la pongo en un pedestal. Sacó la fotografía del perro que tuve en mi primera casa, acomodo por años las fotos: las de color, las de los abuelos, las de los viejos amigos. Entonces viene mi perro y me pregunta “Qué habrá sido de todos ellos?” y me dan unas ganas terribles de averiguarlo, de buscarlos, pero me gana el temor de que no contesten, de que me lancen un "quién eres?" o en el peor de los casos que hayan muerto. Pongo las introducciones de las caricaturas que veía de niño y las canciones que adoraba: "Heart of a Glass", "How deep is your love", "Pictures of you", "Blue Angel", "Volcán", "Amantes a la Antigua", "Oh Darling" (por favor créeme que nunca te haría daño), "The Exploding Boy", "El Rito", "As the world falls down" entre muchas otras melodías. Llenan mi alma de felicidad y de pesadumbre. 

Cuando me siento nostálgico, sin salida, pierdo mucho el tiempo, porque así somos los nostálgicos. Nos aferramos al pasado tal cuál el niño al globo. Y como el niño con el globo, cuando ve algo más interesante deja ir el globo al cielo. Se nos olvida el paso del tiempo, y ya no puedes leer sin sentir que todo es una mentira justificada, ni dormir sabiendo que afuera el mundo sigue girando. No puedes ir por la vida fingiendo que no piensas en el pasado, ni convenciéndote de que sabes muy bien como ser adulto, porque eso es algo que nadie te enseña. 

Un secreto de todo esto es que detrás de toda esa curiosidad nostálgica y sin remedio, estoy reteniendo desde principios de mi vida algo: las acciones, las miradas y las palabras. Yo bien podría tomar mis sueños y arrojarlos por el precipicio, pero soy un nostálgico. Yo soy de los que escriben cartas sólo para decir "te acuerdas de...?" Aunque nadie se acuerde.







Cómo envejeces!

¿Qué siente? Ha dejado atrás el sentimiento de sí mismo. Se te escapa por miles y miles de aberturas. Crees haberlo atrapado y es libre. No te pertenece.  No te pertenece.


4:11 am



Por ahí de las 4:11 am de lo que había sido un jueves o como muchos dirían "ya viernes", encendí la televisión, tomé un libro y con la luz apagada fingí que iba a leer con lo poco que de luz entraba por la ventana, pero por problemas de la vista preferí no esforzarme. Deje el libro abajo de la cama y baje el volumen de la televisión. Los gatos destruían y buscaban en mi bote de basura comida y estoy seguro que se encontraron con mi credencial que por accidente debí haber tirado, estoy seguro de eso. Terminó en la basura, como todo lo demás termina. Seguía sin dormir, y para las 6 no dejaba de pensar en lo que haría al "levantarme". Y es que tenemos toda una vida para planear. Como mi padre, que toda su vida planeo darnos una mejor vida y a mitad de planes simplemente su corazón se detuvo, en medio de la calle, pero eso a nadie le alarmó... extraño a mi padre, a veces tengo que ver una foto para acordarme de su rostro, y me da vergüenza admitirlo. Él me enseño sobre todo un poco, sobre paciencia, valores, y de no dejarse pisotear por nadie. Recuerdo que mientras él fumaba me aconsejaba que no fumara. Los huesos se rompen con palabras y experiencias.
El otro día fui a tomar un café para intentar ordenar mis ideas en un lugar decente, pero no sé porque decidí el café, no suelo tomarlo en casa, y ahora tendría que pagar por él. Ahí sentado, escuchaba la música de fondo, era buen jazz, pero a nadie parecía importarle, todos masticaban pasteles, fumaban,  maldecían y bebían limonada, el tiempo se arrastraba, y yo no conseguía nada.
Me levante un viernes, hacía frío, extrañaba a alguien, mi perro se comía la basura, y los planes no existían, pero ya no me importaba.



I wonder why it is that men can't love the present. Either they just keep chasing whatever it is they've lost... or they keep drea...