sábado, 19 de agosto de 2017

Entierrame.



Yo tenía la mirada en el horizonte. La mantuve firme durante un tiempo, pues cuando estudiaba en la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica un amigo mío siempre mantenía su mirada hacía al horizonte y decía cosas como “¿ya viste a ese gato?”, cuando nadie había visto ninguno, pero era porque el gato estaba más lejos de lo que nuestros ojos acostumbraban a ver,  escondido en el horizonte, en un árbol lejano. Oscar pudo haber sido todo un visionario. A él le iba bien en la escuela, a mí no tanto, pero siempre me explicaba todo lo referente a las clases y entonces yo podía aprender más.
“Va a llover al rato, mira esa nube” decía, y nadie lo creía porque el sol golpeaba fuerte nuestros rostros, pero sin embargo el seguía viendo al horizonte, más allá de nuestro ego, un poco más lejos de nuestras preocupaciones. Naturalmente, llovía unas horas después de que Oscar lo dijera.
Aprendí con el tiempo a seguirle el paso y ver al horizonte, pero yo nunca lograba ver mucho, aunque, me encantaba observar el paisaje y los árboles, esos que se amontonan a lo lejos y se enfrentan al sol, esos que por estar más altos le hablan de cerquita a la luna. A veces con los cables de luz de los postes de las calles, me gustaba encerrar en perfil esos paisajes, como si los cables hicieran un marco para esta vista que, a mis ojos, no era perfecta, pero en una ciudad como Monterrey, te trae un poco de calma.
Aquel día fue un día distinto. Lo decidí desde que desperté por la mañana. A pesar del trabajo y todo lo referente a la rutina, decidí salir a caminar un poco. Anduve por la colonia La Purísima y me detuve un rato a contemplar la fuente. Recuerdo haber enviado un mensaje de texto a alguien “¿adivina en dónde estoy?” y le envíe una fotografía de la fuente del centro de la plaza principal. “Estás en Guadalajara?” me respondió y yo me eche a reír, pues pienso que de una ciudad como la de Monterrey a una como la de Guadalajara hay un camino muy largo de diferencia. A mí me ha gustado más la segunda que en dónde vivo, más no sé si viviendo en Guadalajara diría lo mismo. Uno no siempre sabe valorar lo que tiene.
Aquella vez hacía mucho calor. Me detuve a comprar una malteada de nieve y un hotdog, aunque no tenía hambre, sólo antojo. Recuerdo bien todo eso. Yo estaba pensando en el pasado como es habitual, y como es habitual cuando uno se mezcla tanto con el pasado, entran a veces unas ganas muy sutiles de echarse a llorar. Yo nunca lo hago, nunca le lloro al recuerdo, pero si lo tengo en un pedestal. Me pregunto si habrá personas que se sientan de la misma manera, o si habrá personas que completen el ritual nostálgico y terminen llorando. ¿Quién sabe?
Era alrededor de las 10:00 pm y yo andaba por Matamoros. Me detuve en Lumen y seguí caminando, bajé hasta el merito centro y ahí me detuve un rato más. Cuando me cansé y tuve suficiente de mi cansancio (más no de mi soledad) decidí tomar un Uber para ir a casa. Yo no sé ubicarme muy bien en la rosa de los vientos, así que me limitaré a decir que pienso que vivo al sur de la ciudad. Siempre he creído eso toda mi vida y lo seguiré creyendo. Quizás siempre tuve una preferencia por la palabra “sur”, la verdad no lo sé, pero creo que es válido decirlo aun así no sea verdad. Tome un carro desde el centro en donde está la gran “M” hacia el sur de la ciudad.
Hacía calor y sudaba un poco, solamente quería subir a la comodidad de un auto con aire acondicionado. Aquella vez viaje con el conductor “Leonardo” y su auto era un Chevrolet, pero no recuerdo el modelo. Me subí en la parte trasera detrás del conductor pues nunca he preferido ser el copiloto. Leonardo intento inútilmente darme platica, pues yo no tenía muchas ganas de hablar. Me dijo que él estudio Ingeniería Química, pero que estaba ahorrando para un negocio. Pensar en la facultad me hizo recordar a mis excompañeros, pues no he vuelto a ver a muchos de ellos. No sé si se habrán casado, o tendrán hijos, o si son felices, si estudiaron otra carrera. No lo sé.  Me entraron ganas de ver al horizonte.
“Te gusta esta música o la cambiamos?” me dijo Leonardo, y yo sentía mucho calor, pues el conductor llego con los vidrios abajo y me dio pena decirle que encendiera el clima.  Le dije que la música estaba bien, pero realmente para mí no lo estaba. Seguí viendo el horizonte. Pasamos la corona grande del restaurante que esta por la macro plaza, y el museo de arte contemporáneo, ese que el Arquitecto Legorreta hizo hace mucho tiempo, y cuyos espacios en el interior me hicieron asustarme cuando fui por primera vez en una visita escolar de niño. (¿Conocen el cuarto Obscuro de MARCO?).
Seguí viendo el horizonte, el pecho me ardía y me di cuenta de que el calor que sentía era por mi corazón y no por el clima…
“Voy a vender equipo de laboratorio” … mechero, esposa, hija, “me agüité”, Rihanna, radio…
De su plática intermitente no entendí mucho. No le preste atención.
Leonardo, espero puedas disculparme, pero en aquella ocasión estaba viendo al horizonte y me ardía el pecho.
Estaba sudando y tenía calor. Tenía yo que seguir viendo al horizonte, pues entonces apareció.
A la altura de fundidora, cuando tú vas por Morones Prieto, justo sobre la nave industrial que ahora es un museo, ese que está en el interior del parque, vi salir una luz como un relámpago dorado. Me asusté bastante de entrada, pues creí que se había quemado algo en lo alto del horno, pero después todas las luces nocturnas de colores que adornan al horno siguieron como si nada. Por unos minutos, después del relámpago, la luz desapareció, pero yo mantuve mi mirada al horizonte. Le dije a Leonardo que si había visto la luz y me dijo que si había alcanzado a verla. Unos minutos después, y sobre el río de santa Catarina, vi la luz de nuevo y era tenue, pero de un brillo dorado excepcional, era como un aura, o como una energía, era como un truco de magia, o de ciencia ficción, y yo me quedé atónito, pues mi pecho comenzó a arder en remolinos internos, y mis recursos internos no me dieron para más que observar.
“Es un ovni!” dije y Leonardo se estremeció, “esos no existen!” me dijo.
Pero yo lo vi, y estoy seguro de que esa luz me vio, pues estaba herida y quizás necesitaba a alguien que creyera en ella y en el horizonte. Y yo creí tanto en esa luz que comencé a dudar si todo lo que pasaba era real.  Esa pequeña luz se tambaleaba en el viento, pero no volaba, flotaba diría yo, como estática, pero a una velocidad que era rápida para ir a 80 km/hora en Morones Prieto. Le pedí al conductor que se acercara al carril exprés, y Leonardo lo hizo. Y entonces baje más el vidrio y saque medio cuerpo y le hice una señal a la luz, le apunte hacía mi hogar. Pienso que el conductor se molestó un poco, pero yo creo que, si vio la luz, pues iba asustado, iba nervioso, y además le bajo a la horrible música que sonaba en radio.
Pasamos el metro que da hacia la estación “Y Griega” y yo seguía haciendo una señal con mi mano izquierda, indicándole la dirección de mi hogar. La luz de alguna manera asintió y me siguió. Así que trate de calmarme pues no quería crear una situación incómoda, y confiando en que la luz me seguiría, me volví a acomodar dentro del auto, y le saqué platica al conductor. “Debió ser un globo. A veces los prenden en parque fundidora o chavitos que juegan en el río santa Catarina, por eso luego se queman los árboles” y yo le dije que si a todo.
Subió la música de nuevo un poco, y a punto de subir en la avenida Azteca, volví a bajar el vidrio polarizado y vi que la luz efectivamente seguía el auto, pero esta vez era una luz menos dorada, más pequeñita. Sentí que me quería desmayar. A como pude saque mi mano derecha y como haciendo señales de tránsito, creí pedirle a la luz que aguantara un poco más y me siguiera. Derecho unos 5 km, dos a la derecha, a la izquierda y a la derecha. Entro el auto a la cuadra de mi casa y vi caer como una estrella fugaz esa luz sobre las casas de mis vecinos, y entonces me entraron unas ganas enormes de vomitar. Estoy seguro de que Leonardo también lo vio pues estaba sudando y seguía nervioso mientras detenía el carro para que me bajara. “Buenas noches y con cuidado señor” me dijo un poco pálido. Me bajé del auto y todo estaba apagado en mi casa, pero desde la ventana vi el pasillo iluminarse un poco. Yo no aguantaba mucho el temor que sentí, y de alguna forma sentí muy caliente mi hogar, de alguna forma, todo era cálido. Abrí la puerta y entré despacio. Los perros no hicieron ruido, no corrieron a recibirme como es usual en ellos. Que calor sentía, mi pecho era el que iba a reventar, sentía que se me iba a salir el corazón por la boca. Dejando todo en el pasillo camino a mi habitación, pude verlo. Sobre el piso de mi cuarto, estaba tirado un reptil grande, como de 3 metros de largo. Estaba sangrando, la cola dorada, naranja y amarilla tendida, estirada sobre mi cama. Estaba herido, las escamas estaban secas. Juro que lo que vi fue inexplicable, pero era más inexplicable lo que sentí. Había sangre por todo el cuarto. Los perros siquiera entraron a la habitación, se quedaron afuera, como si conocieran al dorado reptil que había entrado por mi ventana.
Entendí que era mi deber ayudarlo, así que agarré una toalla y lo comencé a limpiar. Limpie la sangre que podía de sus expresivos ojos rasgados. Echaba agua en las heridas, pero no dejaban de sangrar. Nunca había sentido tanto temor. Era el temor a lo desconocido, pero una fuerza me hizo saber que era necesario que me esforzara por superar todo ese sentimiento y cuidar de ese dragón. El animal comenzó a retorcerse y yo me eche a llorar, pues su sufrimiento de pronto era el mío, y su tristeza era la mía. Esta criatura me dijo “Entiérrame, y cuando lo hagas, volverás a la vida”. De pronto todo se tornó obscuro y cuando desperté, estaba en medio del cuarto y me sentía muy cansado. Toda luz dorada, las manchas de sangre, la bestia, todo había desaparecido. Sé muy bien lo que vi, y sé que existe algo que no he enterrado del todo. Desde entonces me la he pasado cansado, siempre queriendo dormir. Me cuesta mucho trabajo confesarlo. Desde entonces, me ha costado mucho volver a ver al horizonte.

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I wonder why it is that men can't love the present. Either they just keep chasing whatever it is they've lost... or they keep drea...